La histórica ciudad de Alepo es el hogar de la segunda comunidad palestina más grande de Siria; los campos de Nayrab y Handarat pudieron jactarse de tener decenas de miles de refugiados que fueron rápidamente asimilados en la población siria.

Por años, los palestinos de Alepo vivieron pacíficamente entre sus hermanos árabes, prosperando en sus negocios y comercios en la capital económica de Siria.

Sin embargo, cuando la guerra alcanzó la ciudad en el verano de 2012 los refugiados palestinos fueron obligados a tomar una decisión crítica: dejar todo atrás o pelear.

En un comienzo, los palestinos de Nayrab y Handarat eligieron permanecer neutrales; sentían que no les correspondía interferir en los asuntos internos de los sirios.

Esto cambiaría después cuando las fuerzas rebeldes lanzaron varios ataques para capturar los dos campos, a pesar de las repetidas llamadas de los líderes de la comunidad palestina para establecer un cese al fuego.

En cosa de semanas, el campo de Handarat se vació -casi todos los civiles huyeron al cercano campo de Nayrab. Reacios a abandonar sus hogares, los líderes de la comunidad palestina solicitaron la asistencia del Ejército Árabe Sirio (EAS).

Bajo el tutelaje de las Fuerzas Armadas Sirias, los palestinos de Nayrab formaron una milicia llamada “Brigada Jerusalem” (Liwaa al-Quds); este grupo recibiría la tarea de proteger los últimos campos de refugiados palestinos en Alepo.

Luego de sólo un año, la “Brigada Jerusalem” se transformó en la tercera más poderosa fuerza pro gubernamental en Alepo. Su valor militar los ha transformado en un importante aliado del EAS y de las Fuerzas de Defensa Nacional; especialmente durante su ofensiva  de enero en el norte de Alepo.

Ahora, han recibido la importantísima tarea de liberar el campo de refugiados de Handarat de las fuerzas rebeldes que los expulsaron en 2012 y 2013. La batalla por este campo es algo personal para ellos; muchos de los combatientes de la “Brigada Jerusalem” fueron desplazados por los extremistas.

Los barrios y los comercios que alguna vez cultivaron en el Campo fueron destruidos, pero eso ha hecho poco para hacer flaquear su determinación de liberar ese lugar que llamaron hogar por décadas.

 

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